Lo haré desde la privilegiada atalaya que representa la Presidencia del Instituto Universitario Europeo de Florencia, con toda la información que por aquí circula y con la libertad de juicio para criticar a propios y extraños que da el mundo universitario.
Utilizaré la actualidad como hilo conductor de mis crónicas virtuales, pero no me pegaré estrictamente a ella sino que trataré de analizarla desde la perspectiva necesaria para relacionar sus causas y consecuencias, las razones y los intereses de sus actores.
Europa ha superado más bien que mal la crisis financiera pero su economía real se ha visto mucho más afectada que la americana y mucho más de lo que creíamos, de forma quizás un poco ingenua. Y ahora la crisis cuestiona la estabilidad del euro y toda la prensa europea se pregunta si la moneda única sobrevivirá a la tormenta.
El problema es serio pero no creo que la supervivencia del euro esté en cuestión. Mucho del alarmismo que se propaga está políticamente orientado por los que nunca estuvieron a favor y desearían que sus profecías se cumplieran. Por no hablar de los que sacan pingues beneficios de la histeria con la que los “mercados” financieros reaccionan ante las alarmas que propagan.
El problema tiene una evidente dimensión económica, pero en el fondo es profundamente político. No hay más que ver las reacciones que genera la propuesta de creación de un Fondo Monetario Europeo, la última de las cuales la ha protagonizado el Banco Central Europeo con una cerrada oposición que recuerda la actitud de los que ni comen ni dejan comer. Se enfrentan los que creemos que el euro es un proyecto politico que sólo perdurará si avanzamos hacia un gobierno economico de Europa, con los que siguen considerando que el euro no es sino una moneda transnacionalizada.
Sea como sea, lo cierto es que con la crisis griega y los riesgos de contagio a otras economías, el euro ha llegado a un momento crucial de su existencia.
Pero la crisis griega no se explica sólo por las desviaciones de su déficit ni por los ataques especulativos que ha sufrido. Está también muy ligada a los problemas de funcionamiento del euro, ocultados en la fase de crecimiento y que ahora afloran. Siempre se había dicho que la hora de la verdad para el euro vendría cuando tuviera que afrontar una recesion grave como la actual. Y que podría tropezar hasta caer si se seguía apoyando sólo en una política monetaria unificada, con políticas fiscales ampliamente descentralizadas.
Recordemos que la crisis del euro tuvo como detonante el reconocimiento, por parte del nuevo gobierno griego, de un déficit público mucho mayor que el oficial. Probablemente los nuevos responsables querían hacer borrón y cuenta nueva, diferenciando sus responsabilidades futuras de la herencia que habían recibido. Nada nuevo bajo el sol porque la práctica de decir que el déficit que te dejan es mayor del que se decía y que eso reducirá la posibilidad de cumplir con las promesas electorales esta bastante extendida. Pero el Gobierno griego escogió el peor momento para contar la verdad de sus cuentas y los “mercados”” amplificaron el problema extendiendo el temor de que Grecia no pudiese rembolsar su deuda.
Un temor bastante irracional pero que bien administrado puede hacer ganar mucho dinero a los especuladores. Y más aun si este temor se extiende a otros países con dificultades presupuestarias conocidas o mayores de lo que se sabia como Portugal, España, o Irlanda, los famosos PIGS, como los denominan los analistas anglosajones, a los que habría que sumar Italia o el propio Reino Unido si se quiere ser objetivo en el análisis.
Es innegable que ha habido ataques especulativos concertados contra el euro, lo que para algunos puede calificarse de “conspiración”y para otros no es sino la explotación de las posibilidades que el mercado ofrece. Se puede lamentar que los mismos que se salvaron de la quiebra gracias a grandes ayudas publicas ataquen ahora a los gobiernos que los sacaron del apuro acusándoles de tener déficit. “Cría cuervos…”
Pero no vivimos en un mundo beatifico en el que los señores de la finanza globalizada vayan a renunciar a sus bonus en beneficio del bien público. Los gobiernos les han ayudado sin imponerles contrapartidas y sin querer tomar el control al que les daba derecho sus posiciones accionariales, como si se avergonzaran de haber tenido que nacionalizar parte del sistema financiero mundial. Sus quejas al sentirse apuñalados por la espalda no tienen mucho sentido porque como decía Soros, el especulador que se hizo multimillonario atacando la libra hasta expulsarla del sistema monetario europeo, “...No se debería poder hacer lo que yo hago, pero si los gobiernos no lo prohíben, allá ellos…”
Una primera cuestión a tratar será conocer como los especuladores aprovechan la crisis que ellos mismos contribuyen a crear. Pero también hay que ver como la zona euro ha llegado hasta esta situación y cuales son sus debilidades estructurales. Primero una grave insuficiencia en los mecanismos de control. Cuando se concibió el euro se establecieron mecanismos de vigilancia que debían hacer imposible que una crisis ocurriera. Pero esos mecanismos han fallado estrepitosamente, como lo muestra el caso griego. Durante diez años la diferencia media entre el déficit presupuestario real griego y el comunicado ha sido de 3,3 puntos de su PIB. ¿Cómo es posible que un fraude tan masivo y continuado se haya podido mantener durante tanto tiempo sin que la Comisión se enterase o se quisiera enterar?
Segundo, la falta de medios de intervención ante una crisis, corolario lógico del convencimiento de que esta no podía llegar a producirse. Ahora nos damos cuenta de que con los Tratados en vigor, incluido el de Lisboa, la UE no puede hacer gran cosa para ayudar a un país en dificultad, lo que se haga tiene que ser por acuerdos intergubernamentales difíciles de conseguir en caliente. Y por eso hasta ahora no ha habido mucho más que vagas promesas en una especie de partida de póquer entre los gobiernos y los mercados.
Ahora hay que aceptar que la quiebra de un Estado miembro del euro tendría graves consecuencias para el conjunto de la zona, como dejar quebrar Lheman Brodhers lo tuvo para el conjunto del sistema financiero mundial. Y los Estados del euro siguen siendo miembros del FMI y no van a dejar de solicitar su ayuda para salvar el honor de Europa. Por lo tanto, si la UE quiere, como dice, evitar la intervención del FMI, tendrán que hacer su papel y prestar a Grecia dando así sentido practico a las retóricas promesas de solidaridad. Lo que nos lleva a la idea de la creación de un Fondo Monetario Europeo de la que también habrá que hablar
Y finalmente, los errores de concepción de lo que debía ser una buena política económica. Se suponía que bastaba vigilar la inflación y el déficit público porque el sector privado era por naturaleza estable. El caso español demuestra lo contrario. Estábamos tan contentos con nuestro superávit presupuestario que no prestamos ninguna atención al colosal endeudamiento privado, de familias y de empresas, que alimentaba una burbuja especulativa al calor de tipos de interés reales negativos.
En el 2007 teníamos un superávit presupuestario del 2 % y éramos la envidia de Europa. La inversión en vivienda habia pasado del 5 % al 10 % del PIB y teniamos el segundo déficit comercial mas grande del mundo en volumen, pero el superávit presupuestario parecia servir de garantía de incuestionable salud.
Ahora tenemos un déficit que llega casi al 12 %, en parte causado, como en todos los países, por el recurso al gasto publico para compensar la caida en la demanda privada .Es un problema que habra que reconducir, pero gracias a que todos los países han dejado crecer sus déficit públicos la economía mundial ha escapado a una gravísima crisis
El debate ahora es a que ritmo hay que reducir los déficit públicos. Con sus reacciones histéricas, los “mercados” pueden obligar a los gobiernos a hacerlo muy rapido para evitar un encarecimiento de su financiación, poniendo en peligro la timida recuperación. Y al mismo tiempo, la necesidad de coordinar las políticas económicas en Europa, lo que se llamaba “el gobierno económico” empieza a ser reconocida. Pero ello implica en el fondo nuevos mecanismos de solidaridad presupuestaria, que no serán fáciles de aplicar en el actual contexto de crisis, aunque una acción conjunta como en la emisión de deudas publicas fuese beneficiosa para todos.
La crisis griega no se convertirá en tragedia griega, pero para salvar al euro haría falta un salto cualitativo en la integración política. Veremos si esto es posible.