Estos días, en el Parlamento de Cataluña, científicos, filósofos, escritores, toreros y apoderados han expuesto las tesis abolicionistas o taurófilas ante los diputados que han de votar una iniciativa legislativa popular, antitaurina. La prensa de Madrid ha prestado a este debate, por cierto, mayor atención que la catalana y ha introducido una carga política de alta intensidad, a pesar de que, como en el caso del municipio madrileño, las grandes formaciones han eximido a sus parlamentarios de la disciplina del voto. Cabría pensar que la toma de posición respecto a las corridas afecta más a la conciencia que la legislación sobre el aborto o la edad de jubilación, por ejemplo.
De todos los argumentos exhibidos en el Parlamento catalán, el que más me ha convencido es el utilizado por el apoderado del torero José Tomás, convertido en el gran mito de la Fiesta, el que es capaz de llenar la Monumental barcelonesa: “Dejen que la Fiesta muera en paz y libertad”. Una lúcida reflexión de quien, al moverse por los entresijos de negocio, sabe muy bien que se vive una época de decadencia.
Al mismo tiempo que un científico exhibía los instrumentos de la lidia desinados a castigar la fuerza del toro (la puya, las banderillas, la espada y la puntilla)y demostraba la eficacia de las imágenes para torcer la opinión en un debate, la inmensa mayoría de los españoles se preguntaban si la huelga de los trabajadores de RTVE les iba a dejar sin la transmisión del encuentro de fútbol entre las selecciones de España y Francia. Nadie parecía estar interesado por la supresión de cualquier otro espacio de la parrilla, y por eso hubo que analizar hasta el detalle el contenido del Decreto de servicios mínimos, hasta convenir que ese partido era de “interés nacional”. Lo lamento por los aficionados taurinos, pero hubiera resultado impensable esa controversia acerca de la transmisión de un festejo de la Feria de San Isidro. Y ni se me ocurre que a alguien le hubiera conmovido que la huelga afectara a la transmisión de una ópera desde el Real.
Un día pediremos libertad de voto para decidir lo que debemos considerar “de interés nacional”.